Au revoir Simone

•octubre 16, 2009 • Dejar un comentario

He sentido la tristeza a pedazos. Quisiera sentir una tristeza absoluta y no destazar estas lágrimas. Quisiera que mi cara se hiciera agua para el mar. Quisiera que mis párpados fueran de sal. No, no. Llorar no es estar triste. Enojarse es estar triste. Querer mentarle la madre a alguien y no poder (por razones técnicas) es una tristeza relativa. Querer decir que hasta aquí llegaste, que ya no puedes más. Que has empuñado toda tu espalda contra estas malditas piedras. Querer decir lo que no quieres decir. Sin miedo. Adelante. Dando un paso. Ni siquiera puedes escribir lo que estás pensando. Pinche corazón en la garganta. Pinche garganta que no se cierra. Carajo. Hasta cuándo voy a seguir en este juego de niños. Hasta cuándo voy a permitir que pasen todos por encima de mí. Diciendo Au revoir Simone, au revoir.

•julio 13, 2009 • Dejar un comentario

Heavy as rubbish

Making utterances outside rubbish

Innumerable shutters and heavy

.                 stretchers

Little as rubbish

Like a deck

 

cascajo

•junio 25, 2009 • Dejar un comentario

 

 

Arenal

 

 

Acabo de ver el letrero

que dice: Se saca

cascajo. Las letras

en la puerta

de la camioneta.

Las letras rojas

titilan y dicen y clavan. Y yo

dando vueltas

a las palabras.

Se saca

cascajo

de mi boca,

podría decir.

Se saca cascajo

¿De dónde se saca?,

me pregunto.

La camioneta

sale de la casa.

Avanza.

Creo que

sacó cascajo

de la casa

la camioneta.

Y yo repito.

La camioneta

con letras rojas

en la portezuela

saca

cascajo.

Eso hace

porque eso dice.

Presente del indicativo.

Me saca de mí,

me sacó de mí

el letrero,

más que nada

el sonido

reiterándose.

El sonido

del letrero

me sacó de mí

para escucharme decir:

se saca cascajo.

Me sacó a mí

para decirme

que de cascajo en la cabeza

voy lleno, vengo lleno

de cascajo. Quieren sacarme

el cascajo

pero yo

no quiero.

Estoy bien.

No quiero que me saquen

de mí. Que mejor venga

la camioneta.

partidario del celular

•junio 24, 2009 • Dejar un comentario

Y entonces (sepárate con múltiples espacios) haz de cuenta que estamos tú y yo bajo en un árbol, esperando el anillo antes del matrimonio perfecto (júntate en los múltiples espacios) y nos mandamos mensajitos con el celular para juntarnos en los breves espacios de una pantalla. Haz de cuenta que estamos tú y yo pensando en tener hijos y la casa de cercas blancas y entonces (junta la aspiración burguesa con las casillas de llenado). Haz de cuenta que empezamos a llenar espacios y espacios en blanco acerca de lo que queremos en el futuro. Tú y yo bajo (no cualquier árbol). En una casa rodeada de cercas blancas. Una fínisima cárcel para el mañana. Entonces el mensajito y los espacios más que breves, brevísimos. “Te espero con los brazos abiertos”.  Llena los espacios como si fueran solicitudes (es necesario que hagas algo). Es necesario que escribas algo, con tu aspiración burguesa de ocupar todos los espacios que él/ella quiera. Entonces (llénate la boca de espacios en blanco). Entonces (espera la casilla de los falsos). Entonces el árbol está meciendóse con el viento. (Llena los espacios del viento a bocanadas). Las cercas blancas en la memoria antes de que sucedan. Los sumarios que puedes usar para reclamar después: “Tú dijiste que me esperarías con los brazos abiertos”. Labial corrido (imagen clichosa para llenar estos espacios). Las entradas que no son para ti. Y tantos árboles con la misma pareja. Entonces, llévate estos espacios para siempre. Llévate la posibilidad de lo eterno. Haz que duela, haz que por primera vez en tu vida algo/alguien te cueste esfuerzo. Sudor y sangre en un mensaje. Sudor y sangre hasta que quieras soñar. Hasta que contestes el celular y confieses que se han equivocado de número. Que no eres tú, que los espacios en blanco son los enlaces hacia ti. Hacia ti, una notificación de excesos, una espera fortuita de la cuenta. Ya no sabes qué decir, a ver, escríbelo. “No sé que decir, nunca hubo brazos abiertos”. Se migran los mensajes. Penalties for possession of drugs or drug paraphernalia are generally more severe than in the U.S. No, no. “Quedate hasta el último respiro que de”. (Aspiración ultimísima de los burgeses). Es inútil que pontifiques (entonces pontifica sobre los espacios en blanco). Haz que todos tengan una gardenia. Espera, huela. La casa se ha caído. ¿Te interesa? ¿Te interesa?

•abril 14, 2009 • Dejar un comentario

Donde termina el desarrollo. Donde termina el movimiento de tus dedos sobre la teclas. El desarrollo donde acaba tu boca su boca la pelvis el muñón de la voluntad. Donde termina tu piel tus pellejos pegados tus fugas del núcleo los distintos órdenes provisionales. Aquella secuencia con la que Berio establece la relación problemática entre el solo del violín y la dotación orquestal. Aquel visitante inútil en la casa a la caza de aquella señora casa de aquella señora solterona, parturienta. Donde casa donde termina tu desarrollo bucal, donde parturienta es el fin de tus técnicas tradicionales para tocar el violín con colmillos o sin ellos. Donde te preguntan sobre los hijos que no tienes. ¿Usted tiene hijos?, dice el doctor que atiende parturientas. ¿Usted come bien?, interroga el gordinflón mientras utiliza el 
doctorstethoscope

estetoscopio. Points on the curve to find, para piano y 22 instrumentos. En casa, máquina para tener hijos. En casa, máquina para crear proyecciones de una línea melódica abstracta cuyas ondulaciones definen tu cultura. Casa, caza, casa. Máquina para elaborar andróginos y máquina para recobrar tu identidad. Tu parturienta identidad sonora. Señora parturienta: enviude. Señora del desarrollo melódico y de los instrumentos musicales. En casa, una ventana para sacudirnos la emergencia política mediante la transposición de distintos registros sonoros. No existe unidad la unidad en la interpretación en mi interpretación. En proceso de renunciar a mis pellejos. Il ritorno degli snovidenia,

•abril 14, 2009 • Dejar un comentario

Un agazapado que no sabe mi nombre. Un par de zapatos de tacón que me quedan apretados. Y, entonces, así camino por las recónditas calles (imagen de Flaubert) sumamente trastornada y convencida por una sola posesión: los tacones. El agazapado se acerca, tal vez se encorve más de la cuenta, tal vez su mirada es dubitativa. Pero hay una cosa segura (que no es tal vez ni tampoco el misógino de Flaubert). ¿No has pensado en cargar un museo a la espalda? Ya sé, ya sé. No es la moda. No acomoda. No hay mona vestida de seda sino el museo y los tacones. Como Fashion St. en NY. “Y si hay alguien persiguiéndote es Ella”. Bueno, mira, no hablemos de esas cosas. “Tal vez su mirada es dubitativa”. No sabes hacia dónde vas. Empieza a correr, no camines. Basta del sentido de la tortuga. Aprietan más, “házlos bailar”, “házlos sangrar”. El agazapado me llama de alguna manera que reconozco y me avergüenza aceptarlo. Tal vez he perdido mi humanidad. Tal vez he perdido la sensación de lo irrecuperable. Tal vez puedo vivir como un animal, como el agazapado. En la insurgencia del milenio, hubo una catástrofe: te enamoras y no puedes vivir así, los labiales rojos, las largas noches, las atentas noches, las noches más noches que has vivido en tu vida. “Es demasiado tarde y no llegaras a ninguna parte”. Entonces, presionas el talón hacia el piso como si quisieras traspasarlo. Te clavas el tacón. Eres un Cristo “a propósito”, “ad hoc”. “Es demasiado tarde para el milenio”. No dilates tu pupila, arruinaras todo. Clávate el tacón, serás martir. ¿Existirá algún tendón confortable?

•abril 8, 2009 • Dejar un comentario

Si me preparas mi dolor de garganta, mi tos seca, mi resfriado bonito. Debo borrarme tanto ruido que hay en mi cabeza porque por las noches no puedo ni dormir y doy vueltas entre las sábanas buscando una nueva proximidad que no encontraré porque no estoy yo ni estás tú ni está ella. Debo encontrarme una gripe emocionante, un catarro resistente para que ella ya no me baleé.